La confesión de Santa Marta

Una reflexión del sacerdote de la Orden de la Madre de Dios, P. Javier González, quien invita a redescubrir la profundidad de la fe de Marta de Betania, una mujer que, incluso en medio del dolor, fue capaz de reconocer a Jesús como el Mesías y el Hijo de Dios.

Cada 29 de julio, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de Santa Marta, María y Lázaro, amigos entrañables de Jesús y testigos privilegiados de su amor. Para la Familia Marta, esta celebración constituye una oportunidad para volver al corazón del carisma y contemplar la figura de Santa Marta como modelo de fe, servicio y esperanza.

En este marco, el P. Javier González, de la Orden de la Madre de Dios, profundizó en uno de los pasajes más significativos del Evangelio de san Juan: el encuentro entre Jesús y Marta tras la muerte de su hermano Lázaro.

El sacerdote recordó que la confesión de fe de Marta surge en un contexto marcado por el sufrimiento, la incertidumbre y la aparente tardanza de Jesús. Sin embargo, lejos de perder la esperanza, Marta reconoce quién es verdaderamente el Señor.

“Incluso en los momentos de dificultad, aunque sea mínima la chispa de fe, esta nos sostiene cuando está puesta en Jesús, el Jesús de la esperanza.”

Para el P. Javier, la actitud de Marta no nace simplemente del deseo de presenciar un milagro, sino de una certeza mucho más profunda: sabía que quien estaba delante de ella era el Mesías esperado.

“La certeza de Marta no era solamente compartir con Jesús o cuestionar su llegada; era porque ella sabía quién era Él. Era el Mesías, era Dios.”

El sacerdote destacó que esta profesión de fe ocupa un lugar privilegiado dentro del Evangelio, comparable con la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo y con la proclamación de Santo Tomás después de la Resurrección.

“Que esta confesión salga de los labios de una mujer genera una enorme ternura y nos invita a preguntarnos cuál es nuestra propia confesión de fe delante del Señor.”

Desde esta perspectiva, la Solemnidad de Santa Marta se convierte en una invitación para que cada creyente examine la imagen de Jesús que sostiene su vida.

“¿En qué Dios confío? ¿En qué imagen de Jesús pongo mi esperanza? ¿En quién descanso?”

El P. Javier explicó que confesar la fe no consiste únicamente en repetir una fórmula o un eslogan religioso, sino en expresar desde el corazón quién es realmente Cristo para cada persona y cómo esa certeza transforma la vida cotidiana.

Finalmente, recordó que no existen circunstancias que puedan impedir la confianza en Dios.

“No hay excusas, ni el luto, ni la desesperanza, ni el dolor, ni la incomprensión para no decir: ‘Sí, Señor, creo en Ti, porque Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios y mi Salvador’.”