Con el propósito de fortalecer la misión educativa y pastoral de las comunidades de Santa Marta en Chile, el martes 23 de junio se realizó en la Casa de la Delegación, en Santiago, una nueva reunión de Superioras de las comunidades religiosas y Directoras de los colegios Santa Marta del país.
Estos encuentros, que se desarrollan de manera sistemática a lo largo del año, son acompañados por la Madre Delegada para América Latina, Madre Ana María Cañete Rives, quien anima los espacios de reflexión, discernimiento y proyección de la misión congregacional.
En esta oportunidad, el trabajo estuvo centrado sobre una reflexión inspirada en la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV, bajo el título “El rol de la Iglesia y de la Vida Religiosa ante los desafíos de nuestro tiempo”.
Durante la jornada se profundizó en temas como la dignidad de la persona humana, el impacto de la inteligencia artificial, el valor de los límites humanos, la necesidad de custodiar el corazón humano frente a una cultura cada vez más tecnificada y el llamado a vivir una libertad auténtica fundada en la relación con Dios.
La reflexión destacó que, en medio de una sociedad marcada por la aceleración digital y las nuevas tecnologías, la misión de la Iglesia continúa siendo anunciar a Jesucristo y defender la dignidad de cada persona. Asimismo, se resaltó que la vida religiosa está llamada a ser signo profético de fraternidad, esperanza y humanidad, recordando que el valor de las personas no depende de su rendimiento o productividad, sino de su condición de hijos e hijas de Dios.
Otro de los aspectos abordados fue la responsabilidad educativa de las comunidades de Santa Marta. A la luz de la encíclica, las religiosas reflexionaron sobre la tarea de formar personas libres, capaces de discernir, convivir con la tecnología de manera crítica y construir una sociedad más humana y solidaria.
Las Superioras y Directoras compartieron también espacios de trabajo grupal, diálogo y discernimiento comunitario a partir de preguntas que invitaban a revisar la vida fraterna, la misión educativa, la presencia evangelizadora y los desafíos que plantea la cultura digital a la vida consagrada.
Como señala la encíclica, y fue recordado durante el encuentro: “La Iglesia y los religiosos tienen hoy la misión de custodiar lo humano de cada ser humano. En un mundo fascinado por la técnica, están llamados a recordar que sólo el amor salva, sólo la fraternidad construye y sólo Dios puede revelar plenamente la grandeza de la persona humana”.


